Conocemos la historia de La Creu, una de las cafeterías más veteranas y queridas de Benidorm, de la mano de su copropietario, Esteban Pérez
Benidorm es una ciudad que no se detiene. Sus playas, su clima y su carácter cosmopolita la convierten en un destino vivo los 365 días del año. En ese escenario, hay establecimientos que forman parte del paisaje cotidiano, del recuerdo de generaciones y del día a día tanto de vecinos como de turistas. Uno de ellos es La Creu, una cafetería histórica situada en una de las zonas más transitadas de la ciudad.
Desde hace décadas acompaña desayunos, meriendas y momentos de descanso de quienes disfrutan de Benidorm. Como referencia diaria para muchas personas, la cafetería La Creu Benidorm se ha consolidado como un punto de encuentro imprescindible.

Aunque La Creu como tal abrió en el año 2007, su historia se remonta mucho más atrás. En ese mismo espacio se encontraba anteriormente la cafetería La Palmera, un negocio familiar fundado en 1979 por el padre de Esteban Pérez, pastelero profesional y referente durante años en la zona. Con su jubilación, llegó el momento de dar un giro al proyecto y comenzar una nueva etapa.
Tras una profunda reforma y la unión de varios pequeños negocios colindantes, Esteban Pérez se asoció con Eva María Rosado para crear lo que hoy es La Creu: una macrocafetería que agrupó en un solo espacio lo que antes funcionaba de manera separada. “No queríamos continuar con el nombre de La Palmera porque era el proyecto de mi padre; este era nuevo”, explica Esteban. El nombre elegido, La Creu, hace referencia directa a la plaza donde se ubica el local y simboliza ese nuevo comienzo.
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Un proyecto renovado que apostó por crecer
La reforma fue ambiciosa. Se unieron dos cafeterías y una pizzería para crear un único negocio, con una gran terraza y una estructura pensada para dar servicio durante todo el día. “Abrimos en junio de 2007 y fue caótico. Montar una plantilla desde cero en pleno verano fue una locura”, recuerda. Aun así, la experiencia previa en el sector ayudó a sacar el proyecto adelante. La cafetería La Creu Benidorm nació con la intención de convertirse en un espacio amplio, cómodo y preparado para atender a todo tipo de público.

Esteban lleva ligado al local desde los 14 años. “Prácticamente he pasado aquí toda mi vida”, confiesa. Aunque la pastelería artesanal fue el alma original del negocio, los cambios en los hábitos de consumo —con la llegada masiva de bollería y pan congelado— obligaron a replantear el modelo. La Creu apostó entonces por equilibrar tradición y demanda, reduciendo el peso de la bollería y ampliando la oferta de comida salada.
Hoy, La Creu se define claramente como cafetería, pero una cafetería muy completa: desayunos, meriendas, chocolate con churros, pastelería artesanal, heladería en verano y una carta sencilla de bocadillos, hamburguesas, crepes y sándwiches para quienes buscan algo rápido y sin complicaciones. “No somos un restaurante, pero tampoco queremos perder ningún tipo de cliente si podemos atenderlo”, señala Esteban.
¿Qué hace especial a La Creu? Los imprescindibles del local
Si hay productos que definen a La Creu, esos son el chocolate con churros, las milhojas de merengue y de crema y los cruasanes artesanales, tanto dulces como salados. Todo se elabora en el propio local, sin productos congelados. “La masa de los churros se hace aquí desde cero, desde la harina hasta el último frito”, explica. Por ello, la cafetería La Creu Benidorm es conocida por ofrecer productos elaborados en el propio local.

En verano, la heladería cobra un protagonismo especial, con helados artesanales de Sirvent tratados con mimo: copas, batidos, postres y combinaciones con fruta. El café es otro de los pilares del negocio, con especial atención a la calidad del producto y al servicio.
La ubicación de La Creu le permite atraer a todo tipo de clientela a lo largo del día y del año. Familias en verano, personas mayores durante el resto del año, residentes habituales, turistas de segunda residencia y un importante peso del turismo británico en determinadas épocas. “Tenemos aproximadamente un 85% de clientes que están de vacaciones o pasan largas estancias en Benidorm, y un 15% de clientela fija de toda la vida”, detalla Esteban.
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Un negocio que ha sabido resistir crisis y cambios
El comportamiento también varía según el origen. El cliente nacional suele ser más tradicional, fiel al café, al chocolate con churros o a la bollería clásica, mientras que el turista extranjero es más curioso y se anima a probar smoothies, zumos naturales, batidos y productos más vistosos.
Como muchos negocios hosteleros de la ciudad, La Creu ha atravesado momentos especialmente duros, como la crisis económica de 2007–2008 y la pandemia de la Covid-19. “Fueron años complicados, pero también de mucho aprendizaje”, recuerda Esteban. En ese camino, el apoyo de asociaciones como ABRECA y COBRECA resultó fundamental. Su vinculación, además, viene de lejos: su padre fue presidente de COBRECA, un legado que se mantiene.
En un entorno tan competitivo como el de Benidorm, La Creu tiene claro dónde marcar la diferencia: la atención al cliente. “Cafeterías hay muchas; el producto puede ser similar, pero la atención es clave”, afirma Esteban. El objetivo es que cada cliente se marche con la sensación de haber sido bien atendido.

El valor del equipo en la cafetería La Creu y su visión de futuro
Ese propósito se sostiene gracias a una plantilla estable y comprometida. “Lo que más orgullo me da es tener una columna vertebral de empleados que sienten el negocio como suyo”, destaca. Un equipo humano que permite mantener el ritmo diario, afrontar jornadas intensas y ofrecer un servicio constante.
Tras unos años 2023 y 2024 especialmente positivos, La Creu afronta el futuro con optimismo, aunque sin planes de expansión ni grandes cambios. La filosofía pasa por mejorar detalles, adaptar la carta de forma progresiva y mantener la esencia que ha sostenido el negocio durante años. “Benidorm ya no es una ciudad estacional; aquí hay trabajo durante todo el año”, señala.
Con más de cuatro décadas de historia, La Creu sigue siendo un punto de encuentro, un lugar donde desayunar sin prisas, merendar en familia o hacer una pausa en plena jornada, manteniendo viva una tradición que mira al futuro sin olvidar sus raíces.

























