El establecimiento más antiguo de Benidorm, fundado en 1926 por el marino Pedro Cortés, acomete una ambiciosa rehabilitación estructural con el horizonte puesto en el verano de 2026
Benidorm es hoy un gigante turístico que supera todos los veranos las quince millones de pernoctaciones y su célebre silueta de rascacielos frente al mar es estudiada en las escuelas de urbanismo de todo el mundo. Sin embargo, toda esta industria vertical tiene un punto de origen horizontal, con nombres y apellidos, situado en la primera línea de la playa de Levante: el Hotel Bilbaíno.
El emblemático establecimiento, que ostenta el título de ser el primer hotel de la ciudad, se encuentra actualmente cerrado al público. El motivo es una ambiciosa rehabilitación integral diseñada estratégicamente para que el edificio histórico reabra sus puertas en este 2026, coincidiendo con el centenario de su fundación.

La reforma del Hotel Bilbaíno es uno de los proyectos de renovación patrimonial más importantes de Benidorm, que pretende transformar este establecimiento, el más antiguo de la ciudad, en un alojamiento moderno adaptado a los estándares actuales.
Así, ya queda poco para que este histórico inmueble vuelva a ver la luz completamente restaurado y preparado para afrontar un nuevo siglo de historia. De momento, se han retirado ya las lonas que lo cubrían y se empieza a vislumbrar la silueta y estética que lucirá el nuevo Hotel Bilbaíno, una presencia ineludible al final del paseo de Levante, en primera línea de mar y a pocos metros del característico Castell de Benidorm.
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Hotel Bilbaíno: el sueño de un mayordomo de barco inspirado en Chile
La historia del Bilbaíno es la peripecia vital de Pedro Cortés Barceló. En la década de 1920, Benidorm era un humilde pueblo de pescadores que exportaba mano de obra marítima. Cortés trabajaba como mayordomo en los buques de las Navieras Bilbaínas -de ahí el sobrenombre de Pedro el Bilbaíno con el que le conocían sus vecinos-, mientras su esposa, Angelina Zaragoza, invertía sus ganancias en tierra firme.
Durante una estancia en el puerto de Valparaíso (Chile), Cortés quedó fascinado por el potencial de sus playas y concibió una idea que muchos en su pueblo tildaron de locura: construir un hotel en Benidorm.

El establecimiento original se inauguró en 1926 con una planta baja para cocina y comedor, dos alturas para huéspedes y una última planta para el servicio. Aunque el edificio primigenio se derribó en la década de los setenta para adaptarse a los nuevos tiempos, el hotel jamás perdió su ubicación privilegiada ni su idilio con el turismo vasco, consolidado en los años sesenta cuando el carismático alcalde Pedro Zaragoza organizó la promoción de lunas de miel subvencionadas para 150 parejas de Bilbao. Por sus habitaciones pasaron mitos de la época como el cantante mexicano Jorge Negrete.
Así es la compleja intervención técnica bajo el subsuelo en el Hotel Bilbaíno
Tras décadas funcionando como un modesto alojamiento de tres estrellas, el Hotel Bilbaíno va a abandonar ese concepto para reposicionarse en el mercado costero como un hotel ‘boutique’ de enfoque prémium. El proyecto mantiene su tamaño exclusivo de entre 38 y 40 habitaciones, potenciando el diseño de sus terrazas con vistas frontales y laterales a la playa de Levante.
La envergadura de las obras, ejecutadas en colaboración con el estudio JAS Arquitectura y la firma Caselles Ingenieros, ha requerido un vaciado técnico y estructural para rehacer el edificio por completo desde su esqueleto interno.
Los trabajos se centran en cuatro ejes principales:
- Protección marina: restauración minuciosa de la fachada exterior para dotarla de un aislamiento térmico avanzado y protegerla de la agresiva erosión salina del frente marítimo.
- Eficiencia energética: renovación total de las instalaciones estructurales, incluyendo sistemas de climatización de última generación, agua caliente sanitaria (ACS) y redes de gas natural.
- Seguridad: despliegue completo de nuevas redes de telecomunicaciones, electricidad y modernos sistemas de protección contra incendios.
A diferencia de otros inmuebles históricos de la primera línea que solo requieren mantenimiento ordinario frente al desgaste del mar -como la cercana Casa Senabre (Apartamentos Senabre Palais), cuya fachada art déco ya fue restaurada en su día-, el Bilbaíno encara una renovación de raíz. Con esta metamorfosis, el pionero de la Marina Baixa se prepara para soplar las velas de su primer siglo de vida, demostrando que la modernidad y el respeto al patrimonio histórico pueden mirar juntos al Mediterráneo.



























